A veces creo que no cuesta tanto sentir…
nos cuesta más quedarnos en lo que sentimos,
en eso que nos mueve, nos acomoda o nos desordena por dentro.
Porque cuando realmente sentimos,
ya no hay forma de hacernos a un lado.
Y eso… incomoda.
Entonces queremos entenderlo rápido,
resolverlo, acomodarlo,
como si ponerle nombre fuera suficiente para que deje de doler.
Pero no.
Hay cosas que no se van cuando las entiendes,
se quedan…
hasta que decides atravesarlas.
Y atravesar implica quedarte.
Quedarte aunque incomode.
Aunque no tengas respuestas.
Aunque no sepas qué hacer con todo eso que estás sintiendo.
Tal vez no se trata de huir,
sino de aprender a sostener.
De actuar en congruencia,
de tomar las riendas de tu vida,
pero también de aceptar que hay momentos
en los que solo toca sentir… sin saber.
Hoy no tengo conclusiones perfectas.
Ni respuestas claras.
Solo sé que estoy aprendiendo a quedarme.
A no salir corriendo de mí.
A escucharme,
a sentir cada emoción sin anestesiarla,
a dejar que todo eso me atraviese sin romperme.
Y en medio de todo eso,
algo dentro de mí empieza a sentirse distinto…
más en paz,
más mío,
más real.
Tal vez de eso se trata:
de habitarte.
De convertir cada instante, incluso los que duelen,
en el arte de vivir.

Deja un comentario